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Historia de La Graciosa
7-08-2018

Cuando Jean de Bethencourt decidió conquistar la Belle Isle otros navegantes ya habían fondeado sus naves en estas tranquilas aguas.

Cuando Jean de Bethencourt decidió conquistar la Belle Isle (1402) otros navegantes ya habían fondeado sus naves en estas tranquilas aguas. Dada la posición de esta isla, no es aventurado afirmar, que las primeras expediciones que conocieron Canarias, fondeasen en La Graciosa antes que en ningún otro lugar del Archipiélago.

Uno de los objetos más importantes del comercio de los fenicios, la potencia naval del Mediterráneo, era la púrpura, que se extraía de la orchilla y La Graciosa era uno de los lugares a donde llegaban desafiando el límite de las columnas de Hércules (actual estrecho de Gibraltar) para recolectar esta planta, que le valió a las islas orientales de Canarias el sobrenombre de "Purpurinas".

Tambien es conocido que los piratas europeos y berberiscos supieron aprovechar durante siglos, la seguridad y refugio que le proporcionaban las playas de La Graciosa durante sus incursiones por Canarias. Tanto es así, que si continua presencia ha inspirado la leyenda acerca de un tesoro que un barco inglés escondió en la playa de Las Conchas, a principios del siglo XIX, tras ser perseguido por un barco pirata.

Más recientemente la Graciosa cumplió con un papel fundamental para la supervivencia del lanzaroteño, sobre todo, tras las dantescas erupciones de Timanafaya, que trajeron la ruina a grandes superficies de cultivo. Hasta la Graciosa, hacían llegar ganado en busca de pastos y una vez allí lo dejaban en libertad hasta la llegada del verano.

También, y hasta hace muy poco, La Graciosa era visitada por los lanzaroteños que venían a buscar crías de pardela, muy apreciadas por su gran reserva proteica en los grandes viajes hacia América, que es donde tiene origen esta tradición y que ha desaparecido de la cocina tradicional, debido a a que la captura de esta especie protegida esta prohibida.

La saludable colonia de conejos importados por los españoles, la barrilla de la que se extraía sosa mediante quema, el cosco del que se obtenía gofio y sobre todo la abundancia de mariscos y pesca, eran los grandes atractivos que ofrecía La Graciosa a los habitantes de Lanzarote.

Esta es la única isla del Archipiélago Chinijo, que pertenece al Cabildo de Lanzarote por decisión de Agustín de Herrera y Rojas, Marqués de Lanzarote (s. XVI), que así lo estableció "para aprovechamiento comunal". No obstante fueron muchos los intentos que se sucedieron a lo largo de la historia de hacerse con la posesión de la isla, incluido el Gobierno de Estados Unidos que quiso comprarla sin éxitos a mediados del XIX con la intención de usarla como enclave estratégico. Desde 1812, la isla pertenece al término municipal de Teguise.